Embajada en Buenos Aires remite artículo de Julián Marías en Newsweek sobre el Rey Juan Carlos y el 23-F Embassy in Buenos Aires forwards Julián Marías's Newsweek article on King Juan Carlos and 23-F

Fecha / Date1981-05-17
Ministerio / MinistryExteriores
Período / PeriodPost-golpe
Tipo / TypeNota Consular
Clasificación / ClassificationSIN CLASIFICAR

Resumen / Summary

ES
Nota de la Embajada de España en Buenos Aires (17 mayo 1981, nr. 557) al Ministerio de Asuntos Exteriores, remitiendo el artículo editorial de 'Newsweek' de Julián Marías titulado 'Democracy Keeps' (o similar), que pone 'sobre todo de relieve el enorme prestigio del Rey Juan Carlos ante el pueblo español y en el ámbito internacional, que es imposible de silenciar, particularmente en relación con los acontecimientos del 23 de febrero pasado'.
EN
Note from Spain's Embassy in Buenos Aires (17 May 1981, no. 557) to the Ministry of Foreign Affairs, forwarding the 'Newsweek' editorial article by Julián Marías, which 'above all highlights the enormous prestige of King Juan Carlos before the Spanish people and internationally, which is impossible to silence, particularly in relation to the events of 23 February.'

Personas / People

Temas / Themes

post-golpereacciones-internacionalesargentinaprensa-extranjerajuan-carlos-i
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| 125501 Cliese esta referencia en la contestación — 40/32 HAD LE ASUNTO: artículo "Monarquía Nacio- : Adjunto tengo a honra remitir a V.E. recorte del arti- Pe "Monarquia Nacional" aparecido hoy en la página editorial f£ de "Novedades ", en el que su autor, Julian Marias, pone sob- SE re todo de relieve el enorme prestige del les Den Juan Car- los ante el pueblo español y en el ámbito internacional ,por su impecable, ejemplar actitud democrática desde que asumió la jefatura del Estado , y particularmente en relación con los acontecimientos del 23 de febrero pasado. Dios guarde a V.E. muchos años. e cag arr EMBAJADOR DE ESPANA DIRECCION € gen E . ocr + thet ee ae Ue Bon ce ne 2472 — 7 Qaaanas Peña Abizanda. a Exemo.Sr.Ministro de Asuntos Exteriores.Madrid. Vga t fh y3-V~ 44 Cee Monarquia Nacional Por Julián Marías a actitud del Rey, y su conduc- aclara esta expresión. Para Ortega, ' ta, en dos momentos recientes, la raíz de los males de España, des- uno delicado (Guernica) y otro gra- de hace siglos, es el particularismo, vísimo (el secuestro del Congreso y la desintegración, el hecho de que el gobierno el 23 de febrero) han au- las partes del todo empiecen a vivir mentado increíblemente su presti- como todos aparte. «La esencia del gio. Como el prestigio es aquel irreal particularismo —escribe— es que poder que más conviene a los reyes, cada grupo deja de sentirse a si mis- creo que los españoles debemos feli- mo como parte, y, en consecuencia, citarnos. El que más y el que menos deja de compartir los. sentimientos piensa que si no fuera por el Rey, a de los demas». Por eso es caracte- estas horas no tendríamos en Espa- ristica de ese estado social la hiper- ña democracia, libertad política ni sensibilidad para los propios males. derechos ciudadanos. Algunos cier- Se pensara en los movimientos sepa- tamente lo deploran, pero creo que ratistas, escisionistas dentro de la la mayoría ha visto pasar por delan- nación; así es, y de ellos habla larga- te un fantasma amenazador, que le mente Ortega, pero los considera co- ha producido un estremecimiento. mo ejemplos o manifestaciones de ese particularismo que es su verda- dera raíz y que se extiende a todas las «partes» de España, en cualquier De esa convicción se sacan algu- sentido que se tome esta expresión. nas consecuencias; peró me pregun- «Empezando por la Monarquía y si- to si son las adecuadas. ¿Se trata del guiendo por la Iglesia, ningún poder rey o de Juan Carlos I? Algunos di- nacional ha pensado más que en sí rán que se trata del rey Juan Carlos mismo». «Monarquía e Iglesia se I, único concreto y efectivo. eviden- han obstinado en hacer adoptar sus temente es así, pero mi pregunta no destinos propios como los verdade- es superflua ni retórica. No son po- ramente nacionales». «La vida social cos los que, después de haber reta- española ofrece en nuestros días un ceado todo lo posible las funciones y extremado ejemplo de este atroz poderes del rey, hasta intentar redu- particularismo. Hoy en España, más cirlo (ya que no habían podido elimi- bien que una nación, una serie de narlo) a una figura decorativa, están. compartimientos estancos». Monar- ahora encantados de que nos haya quía, Iglesia, políticos, el grupo mili- sacado las castañas del fuego, y tar, las clases sociales, las regiones, cuentan con ello en el futuro. Los se entregan al particularismo en lu- que no han querido que el Rey sea gar de sentirse como partes que tie- cabeza de la Nación, esperan que nen que contar con las demás: es lo sea Jefe de Bomberos del Reino. que Ortega llama nacionalización. El prestigio de Juan Carlos I se Las esperanzas en que la Monar- funda —aparte de sus admirables quía supiera y quisiera «nacionali- condiciones personales— en que ha zarse» se han pedido enteramente en sabido ajustarse con rigor a su con- 1930. El 15 de noviembre publica Or- dición de Rey de España. Hasta tal tega en El Sol su famoso artículo punto, que ni siquiera a los senado- «El error Berenguer». Cree Ortega res reales hizo la menor presión, la que la Monarquía tenía el deber de menor indicación de cuáles eran sus haberse extenuado, hora por hora, preferencias o sus deseos. Puso en en corregir los defectos de los espa- marcha la transformación política ñoles, en vez de especular sobre de España, la confió a quien le pare- ellos, «excitando la vitalidad política cía capaz de realizarla y dejó que la del español, haciéndole hiperestési- legalidad vigente engendrase una le- co para el Derecho y la dignidad ci- gitimidad total, a la cual se sometió vil», - escrupulosamente, por lo cual quedó luta;eirreprochablemente legiti- «Supongamos un instante —dice — mado.. Y desde entonces, desde que “Ortega— que el advenimiento de da~ la Constitucion completó la arquitec- Dictadura fue inevitable. Pero esto, tura del Estado, el Rey ha sido es- ni qué decir tiene, no vela lo más mi- trictamente un rey constitucional al nimo el hecho de que sus actos des- servicio de la nación entera y, recí- pués de advenir fueron una crecien- procamente, sostenido por ella (sal- te y monumental injuria, un crimen vo los sediciosos de cualquier color). de lesa patria, de lesa historia, de le- sa dignidad pública y privada. Por :¿Qué significa esto? ¿Es una nove- tanto, si el Régimen la aceptó obli- dad? Si se piensa en el régimen an- gado, razón de más para que al ter- terior, por supuesto. Si se recuerda minar se hubiese, con leal entereza, la República establecida hace cin- con natural efusión, abrazado al pue- blo y le hubiese dicho: Hemos pade- cuenta años, hay que hacer algunas restricciones, El Presidente era cido una incalculable desdicha. La - hombre de partido; ciertamente de- normalidad que constituía la unión bía olvidar esta condición, y el ori- civil de los españoles se há quebra- do. No existe el Estado Español. gen de su mandato, una vez alcanza- da la Presidencia; pero esto no es ¡Españoles: reconstruir vuestro Es- fácil. Las Cortes del Frente Popular tado!» destituyeron a Alcalá Zamora sin dejarle terminar su mandato presi- Es haber querido «salir del paso», dencial, por haber seguido sus con- realizar la política el «aquí no ha pa- sejos y disuelto las Cortes de 1933. sado nada», fue el «error Berenguer, En cuanto a Azaña, su concepción de que la historia hablará». Es lo de la República estaba ligada al par- que llevó a Ortega a concluir su ar- ‘tidismo (puede verse en el No. 2 de tículo con la frase famosa: Delenda Cuenta y Razón lo que decía el 7 de est Monarchia. junio de 1931, y los que no habían leí- do su Velada en Benicarló tienen ocasión de escuchar en adecuada versión teatral lo que opinaba de los ¿Cuál es la situación actual, medio dos beligerantes de la guerra civil, siglo después? No hay que «naciona- desde 1937, a pesar de lo cual siguió lizar» la Monarquía, porque ha naci- presidiendo uno de los dos bandos do nacionalizada. Se ha puesto desde hasta casi el final). el primer día —desde antes de su le- gitimación dinástica y democráctica — al servicio de España en su inte- Pero —se dirá— ¿y más allá, du- gridad, ha buscado su figura no mi- rante los largos años de la Monar- rando a la conveniencia particular, quía? Quiero recordar la actitud an- ni siquiera a la memoria del pasado, te ella de Ortega, en tres momentos sino a las exigencia españolas en el «significativos: 1914, 1921 y 1930. Hay último cuarto de siglo. En lugar de que ver cuál es el nervio de su inter- tomar sus destinos propios como si pretación de la Monarquía y lo que fueran los nacionales, ha visto que para él era lo decisivo, la exigencia los destinos de la nación son los que primaria de la cual dependía la posi- justifican y legitiman a la Monar- ción que frente a ella se debiera to- quía. Ha impulsado la vida nacional, ha excitado la sensibilidad de los es- mar. pañoles para la dignidad civil, ha ejercido en nombre de ella —es de- En su conferencia Vieja y nueva cir, del Gobierno constitucional— el- política (23 de marzo de 1914), Orte- mando de las Fuerzas Armadas; ha ga trata extensamente de las formas mantenido, con entereza, con evi- de gobierno. Ve con simpatía «un dente riesgo, «la unión civil de los es- movimiento que ha puesto a muchos pañoles». republicanos españoles en ruta hacia la Monarquía»; cree que alo único que queda como inmutable e impres- Tenemos una Monarquía Nacio- cindible son los ideales genéricos, nal, sin particularismo, sin egoísmo, eternos, de la democracia»; y con- sin vanidad, sin temor, Su fuerza le cluye: «Somos monárquicos, no tan- viene de su absoluto respeto a la co- to porque hagamos hincapié en ser- munidad nacional de que es cabeza, lo, sino porque ella —España— lo de su aceptación íntegra de su es- es». Y aclara: «Esperamos de la Mo- tructura política, de su función de narquía, en lo sucesivo, no sólo que servicio desde la cúspide. No es líci- haga posible el derecho y que se re- to pedirle que ejerza funciones que cluya dentro de la Constitución, sino no tiene; no es decente esperar que mucho más: que haga posible el au- lo haga en beneficio de nadie que no mento de la vitalidad nacional». «La sea España en su totalidad política- monarquía tiene que justificar cada mente organizada; es quimérico día su legitimidad, no sólo negativa- pensar que pudiera hacerlo a las ór- mente, cuidando de no faltar al dere- denes de nadie. cho, sino positivamente, impulsando la vida nacional». Y, después de cri- ticar el «lealismo» de Cánovas, que Es claro que el rey ha intensifica- reaparece en Maura, llega a la do gradualmente su poder; se en- fórmula decisiva: «Sobre la Monar- tiende, su poder espiritual, hecho de quía hay por lo menos dos cosas: la estimación, respeto, prestigio; es el justicia y España. Necesario es na- que le corresponde, el que llevo pi- cionalizar la Monarquía». diendo cinco años completos. Pero ¿Qué quiere decir esto? Siete años ¿quién cree que el poder espiritual de dués, en España ¡ ¡vertebrada, se noespoder® =
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| 125501 Cliese this reference in the reply — 40/32 HAD LE SUBJECT: article "National Monarchy" : Attached I have the honor to send to Your Excellency. clipping of the article Pe "National Monarchy" appeared today on the editorial page f£ of "News", in which its author, Julian Marias, highlights The enormous prestige of Les Den Juan Car- before the Spanish people and in the international arena, for his impeccable, exemplary democratic attitude since he took office the head of state, and particularly in relation to the events of last February 23. God save Your Excellency many years. e cag arr AMBASSADOR OF SPAIN ADDRESS € gen E . ocr + thet ee ae Ue Bon ce ne 2472 — 7 Qaaanas Peña Abizanda. to Exemo.Mr.Minister of Foreign Affairs.Madrid. Vga t fh y3-V~ 44 Cee Monarquia Nacional Por Julián Marías a actitud del Rey, y su conduc- aclara esta expresión. Para Ortega, ' ta, en dos momentos recientes, la raíz de los males de España, des- uno delicado (Guernica) y otro gra- de hace siglos, es el particularismo, vísimo (el secuestro del Congreso y la desintegración, el hecho de que el gobierno el 23 de febrero) han au- las partes del todo empiecen a vivir mentado increíblemente su presti- como todos aparte. «La esencia del gio. Como el prestigio es aquel irreal particularismo —escribe— es que poder que más conviene a los reyes, cada grupo deja de sentirse a si mis- creo que los españoles debemos feli- mo como parte, y, en consecuencia, citarnos. El que más y el que menos deja de compartir los. sentimientos piensa que si no fuera por el Rey, a de los demas». Por eso es caracte- estas horas no tendríamos en Espa- ristica de ese estado social la hiper- ña democracia, libertad política ni sensibilidad para los propios males. derechos ciudadanos. Algunos cier- Se pensara en los movimientos sepa- tamente lo deploran, pero creo que ratistas, escisionistas dentro de la la mayoría ha visto pasar por delan- nación; así es, y de ellos habla larga- te un fantasma amenazador, que le mente Ortega, pero los considera co- ha producido un estremecimiento. mo ejemplos o manifestaciones de ese particularismo que es su verda- dera raíz y que se extiende a todas las «partes» de España, en cualquier De esa convicción se sacan algu- sentido que se tome esta expresión. nas consecuencias; peró me pregun- «Empezando por la Monarquía y si- to si son las adecuadas. ¿Se trata del guiendo por la Iglesia, ningún poder rey o de Juan Carlos I? Algunos di- nacional ha pensado más que en sí rán que se trata del rey Juan Carlos mismo». «Monarquía e Iglesia se I, único concreto y efectivo. eviden- han obstinado en hacer adoptar sus temente es así, pero mi pregunta no destinos propios como los verdade- es superflua ni retórica. No son po- ramente nacionales». «La vida social cos los que, después de haber reta- española ofrece en nuestros días un ceado todo lo posible las funciones y extremado ejemplo de este atroz poderes del rey, hasta intentar redu- particularismo. Hoy en España, más cirlo (ya que no habían podido elimi- bien que una nación, una serie de narlo) a una figura decorativa, están. compartimientos estancos». Monar- ahora encantados de que nos haya quía, Iglesia, políticos, el grupo mili- sacado las castañas del fuego, y tar, las clases sociales, las regiones, cuentan con ello en el futuro. Los se entregan al particularismo en lu- que no han querido que el Rey sea gar de sentirse como partes que tie- cabeza de la Nación, esperan que nen que contar con las demás: es lo sea Jefe de Bomberos del Reino. que Ortega llama nacionalización. El prestigio de Juan Carlos I se Las esperanzas en que la Monar- funda —aparte de sus admirables quía supiera y quisiera «nacionali- condiciones personales— en que ha zarse» se han pedido enteramente en sabido ajustarse con rigor a su con- 1930. El 15 de noviembre publica Or- dición de Rey de España. Hasta tal tega en El Sol su famoso artículo punto, que ni siquiera a los senado- «El error Berenguer». Cree Ortega res reales hizo la menor presión, la que la Monarquía tenía el deber de menor indicación de cuáles eran sus haberse extenuado, hora por hora, preferencias o sus deseos. Puso en en corregir los defectos de los espa- marcha la transformación política ñoles, en vez de especular sobre de España, la confió a quien le pare- ellos, «excitando la vitalidad política cía capaz de realizarla y dejó que la del español, haciéndole hiperestési- legalidad vigente engendrase una le- co para el Derecho y la dignidad ci- gitimidad total, a la cual se sometió vil», - escrupulosamente, por lo cual quedó luta;eirreprochablemente legiti- «Supongamos un instante —dice — mado.. Y desde entonces, desde que “Ortega— que el advenimiento de da~ la Constitucion completó la arquitec- Dictadura fue inevitable. Pero esto, tura del Estado, el Rey ha sido es- ni qué decir tiene, no vela lo más mi- trictamente un rey constitucional al nimo el hecho de que sus actos des- servicio de la nación entera y, recí- pués de advenir fueron una crecien- procamente, sostenido por ella (sal- te y monumental injuria, un crimen vo los sediciosos de cualquier color). de lesa patria, de lesa historia, de le- sa dignidad pública y privada. Por :¿Qué significa esto? ¿Es una nove- tanto, si el Régimen la aceptó obli- dad? Si se piensa en el régimen an- gado, razón de más para que al ter- terior, por supuesto. Si se recuerda minar se hubiese, con leal entereza, la República establecida hace cin- con natural efusión, abrazado al pue- blo y le hubiese dicho: Hemos pade- cuenta años, hay que hacer algunas restricciones, El Presidente era cido una incalculable desdicha. La - hombre de partido; ciertamente de- normalidad que constituía la unión bía olvidar esta condición, y el ori- civil de los españoles se há quebra- do. No existe el Estado Español. gen de su mandato, una vez alcanza- da la Presidencia; pero esto no es ¡Españoles: reconstruir vuestro Es- fácil. Las Cortes del Frente Popular tado!» destituyeron a Alcalá Zamora sin dejarle terminar su mandato presi- Es haber querido «salir del paso», dencial, por haber seguido sus con- realizar la política el «aquí no ha pa- sejos y disuelto las Cortes de 1933. sado nada», fue el «error Berenguer, En cuanto a Azaña, su concepción de que la historia hablará». Es lo de la República estaba ligada al par- que llevó a Ortega a concluir su ar- ‘tidismo (puede verse en el No. 2 de tículo con la frase famosa: Delenda Cuenta y Razón lo que decía el 7 de est Monarchia. junio de 1931, y los que no habían leí- do su Velada en Benicarló tienen ocasión de escuchar en adecuada versión teatral lo que opinaba de los ¿Cuál es la situación actual, medio dos beligerantes de la guerra civil, siglo después? No hay que «naciona- desde 1937, a pesar de lo cual siguió lizar» la Monarquía, porque ha naci- presidiendo uno de los dos bandos do nacionalizada. Se ha puesto desde hasta casi el final). el primer día —desde antes de su le- gitimación dinástica y democráctica — al servicio de España en su inte- Pero —se dirá— ¿y más allá, du- gridad, ha buscado su figura no mi- rante los largos años de la Monar- rando a la conveniencia particular, quía? Quiero recordar la actitud an- ni siquiera a la memoria del pasado, te ella de Ortega, en tres momentos sino a las exigencia españolas en el «significativos: 1914, 1921 y 1930. Hay último cuarto de siglo. En lugar de que ver cuál es el nervio de su inter- tomar sus destinos propios como si pretación de la Monarquía y lo que fueran los nacionales, ha visto que para él era lo decisivo, la exigencia los destinos de la nación son los que primaria de la cual dependía la posi- justifican y legitiman a la Monar- ción que frente a ella se debiera to- quía. Ha impulsado la vida nacional, ha excitado la sensibilidad de los es- mar. pañoles para la dignidad civil, ha ejercido en nombre de ella —es de- En su conferencia Vieja y nueva cir, del Gobierno constitucional— el- política (23 de marzo de 1914), Orte- mando de las Fuerzas Armadas; ha ga trata extensamente de las formas mantenido, con entereza, con evi- de gobierno. Ve con simpatía «un dente riesgo, «la unión civil de los es- movimiento que ha puesto a muchos pañoles». republicanos españoles en ruta hacia la Monarquía»; cree que alo único que queda como inmutable e impres- Tenemos una Monarquía Nacio- cindible son los ideales genéricos, nal, sin particularismo, sin egoísmo, eternos, de la democracia»; y con- sin vanidad, sin temor, Su fuerza le cluye: «Somos monárquicos, no tan- viene de su absoluto respeto a la co- to porque hagamos hincapié en ser- munidad nacional de que es cabeza, lo, sino porque ella —España— lo de su aceptación íntegra de su es- es». Y aclara: «Esperamos de la Mo- tructura política, de su función de narquía, en lo sucesivo, no sólo que servicio desde la cúspide. No es líci- haga posible el derecho y que se re- to pedirle que ejerza funciones que cluya dentro de la Constitución, sino no tiene; no es decente esperar que mucho más: que haga posible el au- lo haga en beneficio de nadie que no mento de la vitalidad nacional». «La sea España en su totalidad política- monarquía tiene que justificar cada mente organizada; es quimérico día su legitimidad, no sólo negativa- pensar que pudiera hacerlo a las ór- mente, cuidando de no faltar al dere- denes de nadie. cho, sino positivamente, impulsando la vida nacional». Y, después de cri- ticar el «lealismo» de Cánovas, que Es claro que el rey ha intensifica- reaparece en Maura, llega a la do gradualmente su poder; se en- fórmula decisiva: «Sobre la Monar- tiende, su poder espiritual, hecho de quía hay por lo menos dos cosas: la estimación, respeto, prestigio; es el justicia y España. Necesario es na- que le corresponde, el que llevo pi- cionalizar la Monarquía». diendo cinco años completos. Pero ¿Qué quiere decir esto? Siete años ¿quién cree que el poder espiritual de dués, en España ¡ ¡vertebrada, se noespoder® =